Las personas son como los Pokémon de la Zona Safari: a algunas hay que cortejarlas, a otras hay que picarlas y hacerse el duro con ellas, y otras están a punto de pokéball sin más. Cualquiera sabe esto, pero como sé que muchos de los que leéis esto sois un poco inadaptaditos, os voy a explicar mínimamente como funciona antes de que salgáis a tirar trozos de comida y piedras a las mujeres.
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Cuando uno vive con su mami en un precioso piso en Alginet, se puede decir que lo tiene todo: la vida le sonríe. La nevera se llena, el suelo está limpio y no es necesario conocer el funcionamiento de ningún electrodoméstico, salvo quizás el horno para hacer pizzas. Sin embargo, y como muchos de vosotros ya sabréis, he sido arrancado de mi lecho valenciano, y con ello de mis estándares de vida anteriores, caracterizados por la limpieza y la buena nutrición (tampoco, pero si viérais esto fliparíais). No sé ni como clasificar los detalles de mi nuevo estilo de vida, porque incluso mi cerebro se ha vuelto un tanto white trash. Lo intentaré:
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Al sólo faltar 24 horas mientras escribo estas líneas, estoy seguro de que todos tendréis un plan, y los que no lo tenéis será porque o vais a estar vagando por las calles (mala idea), quedaros en casa (no tan mala idea) o porque la falta de fijación capilar os ha dejado sin amigos (os lo merecéis). Para los que tenemos un plan, lo normal es estar emocionados e ilusionados con que todo irá bien: ligaremos, el alcohol nos pegará bien, empezaremos el año con el mejor pie posible. No obstante, la verdad es que todas las fiestas de Nochevieja son la misma:
· Casa de un amigo: Al final habéis convencido a un amigo para celebrar una Nochevieja en su casa. Rompiendo la barrera de la pobreza, conseguís llegar a un MACH3 alcohólico: será la última (y quizás primera) vez del año que bebáis algo no-barato. Llamáis a un montón de amigachos y colegas (nótese la distinción, porque los colegas traerán a gente que no conocéis y acabaréis arrepintiéndoos de haberlos invitado, a no ser que traigan MUJERES), chicas menores de edad y os disponéis a hacer una increíble party hard: nadie hablara con nadie hasta que después de las campanadas empecéis a beber y todo el mundo sea simpático y nadie se dé cuenta de que en realidad en la casa no hay nada que hacer y todo es una trampa para comer bocas indiscriminadamente.
Acaba… con el amigo anfitrión arrepintiéndose de haberos invitado porque os iréis todos sin limpiar una mierda, y a cada paso se le peguen los pies al suelo. Por no hablar del vómito y lefa en la cama de sus padres.
· Discoteca: Tras ahorrar llorar a vuestros padres, os han dado los más de 40 euros que cuesta la entrada a cualquier discoteca en Nochevieja. La noche promete: DJs de nombre rimbombante, barra libre, la esperanza de encontrarse tías arregladas que por una noche no te mirarán con cara de asco… y sin embargo, nunca te paras a pensar en lo que acaba esto en realidad: que a las 2 de la mañana ya no quede alcohol, peña pegándose, tener que salvar a algún amigo del coma etílico y llevarlo a casa porque ni los taxis quieren hacerlo, liarte con una tía y que cuando te despistas se vaya al baño con otro tío, etc.
Acaba…con suerte, contigo cagándote en Dios por haberte gastado tanta pasta para no pillar y tener resaca. Sin ella, con un par de moratones en la cara y la pota de un amigo en la chaqueta de traje que pensabas devolver a Zara el día 3.
· Concierto/rave: Llevas siendo alternativo todo el año (o no), así que el último día no puede ser menos. Te cagas en discotecas y otros eventos que el status quo utiliza para esclavizar las mentes de la juventud más pánfila, y te diriges a tu festival o concierto más cercano. La buena música te hace moverte una vez más, y no hace falta que compres hielo para el calimocho porque con el frío que hace ya basta. Además las tías que hay por aquí son de tu rollo y eso debería facilitarte las cosas. Pero hay algo que quizás hayas olvidado de otros años: a los grupos que toquen los habrás visto otras mil veces, el calimocho es una bebida horrible para un día medianamente especial como Nochevieja y lo peor, lo que intentas que tu cerebro olvide día tras día: las tías de tu rollo son feas, y ya que todas tendrán el listón bajo podrías haberte ido a una discoteca a por las pijas. El año que viene será.
Acaba…contigo a las 2 de la tarde del día 1 de enero en un descampado mal llamado zona de acampada rodeado de punkis bebiendo calimocho con cristal, mientras esperas con mucho frío a que a alguien que conozcas se le pase la mierda para poder irte con él a casa.
En fin muchachotes y señoritas, eso es todo. Recordad que es un día en que todo el mundo quiere pasárselo bien, así que intentad evitar los malos rollos y no bebáis demasiado, si tenéis necesidad de emborracharos para ligar haceos los borrachos, vuestros amigos os lo agradecerán. Y si no creéis en Dios hacedlo por Òscar: no hagáis 12 chupitos en vez de 12 uvas: no queréis que lo primero que hagáis en 2011 sea potar.
Perdón si la entrada me ha quedado demasiado larga. Quizás este 2011 actualice más, si mi cerebro se anima un poquete. Un abrazo y feliz 2011 a todos.
Para no perder el ritmo y empezar definitivamente la segunda temporada de El efecto mariposcar (la cual va a tener más gracia que las últimas 3 de Cómo conocí a vuestra madre juntas), hoy vengo a contaros algo que creí que nunca confesaría. Mi psicólogo afirma que me sentiré mejor si os cuento... las veces que me he sentido sexualmente atacado en metrovalencia:
El abuelo picarón: Una vez, volviendo de fiesta a eso de las 5 de la mañana, iba sentado solo y medio dormido, practicando el hobbie de cualquier usuario de metro a quien se le han acabado las pilas del mp3: mirar a izquierda y derecha en intervalos de diez segundos. En uno de estos momentos, un hasta ese momento agradable abuelete que se encontraba a 3 bancos a mi izquierda me hizo gesto de que me acercara con la mano. Me giré instantáneamente hacia la derecha, fingiendo no haber visto nada. Pero la curiosidad mató al gato, y volví a mirar. El abuelo se encontraba un banco más cerca, repitiendo el gesto. Después de hacer esto dos veces más, acabó enfrente mía, lamiéndose los labios y mirándome con una lascivia que haría estremecerse a Torbe. Al final, se bajó en Torrent, pero mientras se levantaba me dijo: ¿te vienes? A lo cual dije: no. El cabrón todavía me respondió: tú te lo pierdes.
Tendría que haber bajado y atracarle.
La mujer barbuda: El otro día, mientras iba leyendo y escuchando música, una chica muy simpática (gorda) se me sentó al lado. Me empezó a rozar el muslo con la mano en un intento de disimulo que quedó en tragedia. Yo me di cuenta al instante, pero dejé mi vista fija en el libro, esperando a que parara. Entonces me tocó el brazo, a lo que ya me quité los cascos y me preguntó si me había dolido el tatuaje. Le dije que no porque es una respuesta mas defensiva que sí, y mientras me volvía a poner los cascos me rayó otra vez diciéndome que se quería tatuar. Entonces, antes de bajarse, me empezó a tocar el pelo y me llamó GUAPO. Yo, estupefacto, respondí: ¡¿qué?! a lo que me volvió a decir: ERES MUY GUAPO. Se bajó y hasta el momento, por fortuna, no sé nada de ella.
El buen entendedor: El año pasado, un día decidí ponerme una camisa a cuadros de todos los colores posibles, muy payaso micolor. Mientras iba en el metro de Facultats, un chico se me puso detrás de la espalda, prácticamente rozando cebolleta. Entonces, empecé a pensar que igual era gay y estaba restregándose a saco, pero me pareció una idea tan bizarra que la deseché y me reí. El chaval debió malentender esto, porque entonces apretó más su pubis contra mi culete. Para deshacer el entuerto, me fui a la otra punta del metro, y el chaval me siguió a seguir restregándose. Sí, también me puse de cara, y entonces ponía sus labios peligrosamente cerca de los míos.
La madurita interesante: También en el metro de Facultats, mientras miraba las caras de la gente contante y sonante del metro, vi a una madre. En el momento en que nuestras miradas se cruzaron, me lanzó un beso y me guiñó el ojo. Sin creerme la situación y abordado por la awkwardness, aparté la mirada. A los 15 segundos volví a mirar, y la mujer repitió el gesto. Gracias a Dios, acto seguido siguió repitiendo el gesto contra el suelo, y me di cuenta de que esa pobre mujer tenía un tic.
espero no tener que escribir más entradas como estas :(